Plan de emergencia frente a la violencia machista

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Fotografía de Pragyan Bezbaruah en Pexels

Si en tu relación sientes miedo ¡vete!

El presente artículo puede ser de gran utilidad para mujeres que se encuentren inmersas en una relación de pareja donde se ha reconocido algún tipo de violencia y, aun queriendo terminar con la relación, no han encontrado la manera de salir de ella. También será una guía si en tu entorno cercano conoces a alguien en esta situación y no sabes qué hacer.

Antes de actuar es importante informarse, analizar cuidadosamente la situación y hacer una valoración de riesgo. Nadie mejor que la persona afectada para informarnos de sus miedos y de los motivos por los que se siente en riesgo, así como nadie mejor que una misma para reconocer la situación y tener en cuenta qué es lo que quiere y necesita hacer.

Además de reconocer qué tipo o tipos de violencia se está sufriendo, (puede darse más de uno simultáneamente), es necesario conocer cuáles son los mecanismos y patrones de conducta que usa el agresor para ejercer el control y el abuso de poder. Generalmente éstos se ajustan a las fases del denominado ciclo de la violencia (tensión – explosión – calma), que cronifica de forma progresiva la situación de violencia. Observamos con frecuencia que la relación se rompe de forma repentina tras la fase de explosión de la violencia o agresión: la víctima huye dejando atrás toda su vida de golpe y sin recursos personales y/o económicos para afrontar la compleja situación que se le presenta. Estas situaciones son precisamente las que queremos prevenir.

Para poner en marcha el plan de emergencia es necesario que la persona afectada se reconozca como víctima y que contemple romper la relación como una posibilidad. Reconocerse como víctima no significa autodenominarse como tal, de hecho, es muy poco probable que alguien pida ayuda diciendo “me están maltratando”, pero hay ciertos indicios que demuestran esta conciencia de la situación como, por ejemplo: “siempre soy yo la culpable de todo”, “me asusta como se pone cuando discutimos”, “no entiende que haya días que no me apetezca acostarme con él”, etc. Este paso es uno de los más importantes en cuanto al proceso de ruptura, además de ser el primero y más firme para iniciar la fase de recuperación de la violencia sufrida.

La persona que escucha afirmaciones como estas debe identificarlas como una oportunidad para mostrar su apoyo, mostrando respeto y sin juicio para evidenciar a la otra persona que puede confiar en nosotras/os. Si este es tu caso recuerda respetar los tiempos de la otra persona, apoyarla, acompañarla en sus decisiones y no imponerle las que consideres correctas, así evitaremos el fenómeno de “recaída” y las probables consecuencias de ésta.

Si la situación te está ocurriendo a ti en primera persona y estás leyendo esto, esperamos sinceramente que la información te sea útil y te felicitamos por poner en marcha el proceso de cambio. Debemos recordarte que es un paso muy complicado, pero muy importante a la vez para iniciar este proceso.

En este artículo, queremos describir las fases del plan de emergencia, con la intención de que cada una de ellas sea completada una vez tomada la decisión de romper la relación de violencia. Es importante tener este esquema mental claro, ya que ayudará mucho a que este proceso sea lo más fuerte posible, y que el impacto de las consecuencias sea, al menos, mitigado. El plan de emergencia contempla varias facetas:

Red de apoyo
Fotografía de Ankiyay en Pexels

Red de apoyo:   Cuéntaselo a alguien / busca apoyo institucional. Consideramos esta fase la primera para iniciar el plan de emergencia. Es importante tener en cuenta que la búsqueda de apoyos siempre reforzará la decisión tomada y, en caso de necesitar alguna directriz, será ahí donde hemos de buscarla. Contar la situación que se está sufriendo a alguna persona de nuestro entorno en la que podamos confiar, familiares o amigas, así como acudir a entidades de referencia contra la violencia machista o servicios sociales públicos, ayudará en el proceso y nos hará tomar conciencia de que, realmente, nuestro compromiso con nosotras mismas es romper la situación en la que vivimos. Además, lograremos en un primer momento un refugio emocional al que acudir cuando nos encontremos inseguras o dubitativas de las decisiones a tomar.

Documentación: consigue y ordena la documentación que necesitas. Este es uno de los pasos más importantes del proceso, debes realizarlo de forma discreta para no correr riesgos. Te interesa tener acceso a documentos de identidad y de salud tuyos y de tus hijos/as si los hay, libro de familia, documentación bancaria (conviene que tengas una cuenta personal de la que solo tú sepas el pin para que ingresen en ella tu nómina o prestaciones y en la que puedas domiciliar pagos como tu teléfono), escrituras y contratos, titulación académica, etc.  te ayudará más tarde a comenzar los trámites de formalización de tu nueva situación. Es importante tener en cuenta que quizá existan contratos, por ejemplo, a nombre tuyo y de tu pareja; ésta es una de las situaciones a resolver más adelante. Disponer de toda esta documentación ordenada ayudará a nivel tanto judicial como económico a comenzar tu nueva realidad.

Prepara las cosas que necesitas: la maleta. Esta es la fase más material del plan: prepara una maleta o mochila con pertenencias de primera necesidad y objetos que no deseas dejar (han de ser objetos fáciles de guardar y cargar). Es importante que reflexiones sobre todo lo que pueda hacerte falta, a ti y a tus menores, en un periodo de tiempo relativamente corto: medicinas habituales, aseo personal, juguetes importantes para tus hijas/os, ropa, etc. Además, deberás de guardar en esa maleta toda la recopilación de documentos que hemos hecho en el paso anterior, para tenerlo siempre a mano. No olvides incluir algo de dinero en efectivo. Guarda la maleta en casa de un familiar o de tu persona de confianza que ya conozca de tu situación, para poder ir a buscarla en el momento en que la necesites.

Gestión emocional: sé consciente de que tus altibajos emocionales forman parte del proceso. Los momentos posteriores a la ruptura de una relación conllevan, en la mayoría de los casos, enfrentarse a sentimientos y emociones desagradables. Cuando además hablamos de una relación de violencia, el autoconcepto y la autoestima de las supervivientes suelen estar muy deteriorados, lo que a su vez influye en su capacidad de afrontar las emociones. Es importante fortalecerse, si es posible acompañada de una profesional de la psicología, y asumir que las emociones son una fase natural del proceso de recuperación y que, aunque ahora sean dolorosas, poco a poco aprenderemos a gestionarlas. Cuando normalizamos convivir con el miedo, la tristeza y la culpa, nuestra memoria registra esos patrones de comportamiento como adaptativos e invertir ese aprendizaje es un proceso que lleva tiempo, pero que con trabajo se puede lograr.

Situación económica y vivienda. Es necesario reflexionar sobre este punto dentro del proceso de ruptura, tener conocimiento de los ingresos que recibes y los gastos que con ellos podrías asumir. Dependiendo de cada situación en particular, seremos conscientes de nuestra red de apoyo, tanto económica como de vivienda. Debemos valorar la necesidad de pedir ayuda a recursos especializados en violencia machista, tanto para la recuperación emocional como para comenzar la nueva situación económica y social de nuestra vida, y la de nuestro/as menores. Una de las situaciones más desagradables y que más suelen paralizar el proceso de ruptura de las personas que sufren violencia es, precisamente, visualizar la situación económica que les podría quedar una vez rompen la relación. Es necesario tener en cuenta que, aunque la dependencia económica sea absoluta respecto del maltratador, existen recursos especializados para mujeres víctimas de violencia machista que se pondrán a disposición de manera inmediata para las mujeres y familias que los necesiten. Los servicios sociales públicos, la policía o guardia civil y las entidades sociales, pueden informarte de como solicitar este tipo de recursos.

Go!
Fotografía de Tatiana Syrikova en Pexels

Vete: es el momento. Una vez llegadas a este punto, habiendo completado todas las fases anteriores, es el momento de poner en marcha la acción. Estás preparada para salir de la situación de violencia y comenzar un presente libre. Considera la forma de salir de casa, a pie o si necesitas transporte y, sobre todo, ten a mano los teléfonos importantes por si necesitas cualquier tipo de ayuda (teléfonos de emergencias médica, policía o guardia civil, personas de confianza, teléfonos de taxis, etc). Cada situación de salida requerirá de apoyos y decisiones concretas que irás tomando en función de cómo se desencadene. Si el momento se convierte en tenso y observas que puede desencadenar en un pico de explosión, llama directamente a emergencias para contar lo que ocurre y solicita que puedan acompañarte en la salida. Después de esto, solicita asesoramiento para interponer una denuncia.

Estas son todas las fases que consideramos importantes a tener en cuenta una vez se ha de diseñar el plan de emergencia ante la violencia. Tomar esta decisión, provocando la salida de la situación de violencia, es un proceso complicado y difícil en el que, a veces, se necesita apoyos concretos, tanto de nuestra red cercana como de entidades y servicios sociales especializados en el ámbito. Es evidente que las supervivientes que salen de esas situaciones comienzan el proceso de recuperación de la violencia, que tiene por objetivos, entre otros, fortalecer su autoestima, su autoconcepto y su bienestar social y psicológico. Precisamente esta meta es la que ha de tenerse siempre en mente a la hora de tomar decisiones sobre la ruptura de la relación de pareja que ocasiona daño y sufrimiento, poniéndonos a salvo y volviendo a recuperar el control sobre nuestra propia vida.

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